El cielo comenzó a obscurecer presagiando la tormenta, poco a poco las agujas comenzaron a caer como flechas hundiéndose en la tierra. Algunos torpemente levantaban el vuelo zigzagueando para evitar ser derribados por las malicientas lanzas de metal cayendo, pese a sus esfuerzos, el viento desviaba algunas afiladas puntas que terminaban clavándose o arañando sus cuerpos. La precipitación se hacía más violenta, algunos caían a tierra con las alas destrozadas y el cuerpo herido, el suelo se tornó púrpura alrededor de los caídos, creando un amasijo siniestro de carne, ramas y flores hechas pedazos...
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