Dormir podría ser una de las fuentes de placer para el ser humano o eso era lo que solía pensar hasta que de la nada, comencé a despertar por la madrugada.
Todo era normal a su modo, excepto esa sensación de que algo estaba ahí, en mi habitación, vigilando o acechando.
El pánico se apoderó de mi el día que pude confirmar que nunca estoy sola. Nunca sé quién o qué va a estar esperando a lado de mi cama a que despierte, con su rostro ignoto, inexpresivo. Con sus cuencas oculares vacías, mirándome como si al hacerlo pudieran absorberme por uno de esos dos abismos.
No sé que es lo que buscan, ni lo que quieren de mí, pero por favor, dejen de mirarme así...
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